Delegar da miedo porque no es repartir trabajo: es ceder la posibilidad de que salga distinto a como tú lo harías.
Explica el porqué, no solo el qué.
Acuerda cómo sabréis que va bien.
Y después, apártate de verdad.
Si revisas cada paso, no has delegado. Has creado una tarea con supervisión, que es otra cosa.